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Mostrando entradas de noviembre, 2019

La belleza del fiambre

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Buscad la belleza en el fiambre y ajustad cuentas, debe - haber - saldo: Un entierro sin coronas para la republicana; al machista, conductora de coche fúnebre; deudos sonrientes para los vinagres y que el emigrante eche tierra sobre del ataúd fascista. Que la gravedad sea leve, que la tristeza de risa; gusanos para el pescador y, ante todo, buenos modales: En los entierros esgrima siempre el “pase usted primero”. Yo me marcharé cuando me toque, sin prisas, tan callando que me  niego a pedir la vez. A los que me sobreviváis no quiero misas, por favor, que las carga el diablo. Quemadme y esparcid mis cenizas blancas sobre las pizzas sabor barbacoa del Carrefour y anotad un último detalle: En mi lápida vacía pegad con Loctite una foto de Joan Monleón haciendo girar la paella rusa.

La semana

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Once de noviembre de 2019, lunes. He consultado el santoral y al parecer hoy es el día de San Paciente. ¿Será el patrón de los que esperan en una lista para ser operados del menisco? San Paciente, mira, me ha dado la risa floja. Últimamente noto que vivo en el límite de muchas cosas.  El límite de la solvencia. La hipoteca, los gastos fijos, los imprevistos, las ocasiones especiales… por mucho que me esfuerce en estirar el sueldo siempre acabo gastando más de lo que cobro. No sé cómo lo hago. Después mi hija me dice que no tiene pantalones y cuando la miro a los ojos no sé qué decir.  Estoy, también, al límite de mi peso. La doctora me dijo en la última revisión que si gano un par de kilos dejaré el sobrepeso para caer a la ciénaga de la obesidad. Obesa, me repetí para ver si me entraba en la cabeza, seré obesa y moriré de un ataque al corazón. Somos un número en la gran estadística.  Lo he intentado todo: dietas, ejercicio, yoga. Hasta hago Mindfulness en los p...

Grandes superficies

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Desde que Sally y Robert se mudaron al campo su vida había cambiado por completo.  —Bueno, no es exactamente el campo —dijo Robert a su madre por teléfono— es sólo una forma de hablar por oposición. —Tu padre y yo celebramos que progreséis en la vida, cariño.  Robert y Sally se habían mudado a una de esas urbanizaciones del oeste estadounidense que circundan las grandes urbes. Pueblos donde se suceden calles de viviendas unifamilares con jardines sin vallar perfectamente cuidados. Andar por ellas, dar un paseo en bicicleta los domingos, aseguraba la ilusión de que la vida podía ser un jardín eterno, de que la perfección y el orden de poda podían vencer a las fuerzas del caos del bosque. Robert era escultor. La casa donde se habían mudado tenía un gran cobertizo que él transformó en estudio. Trabajaba piezas cerámicas que cocía en un horno que instaló en la parte trasera de la casa. Sally daba clases en un centro de educación primaria de la ciudad. Ese era uno de lo...

Certezas

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Una puede confiar en que el mundo no se acabará ahora mismo cuando entra en Mercadona. Aquí la luz es fiable, todo está en orden y no hay lugares mal iluminados ni cosas fuera de lugar.  En Mercadona las familias empujan carros y los solteros arrastran cestas.  Es entrar por la puerta y notar el descanso de las certezas. Aquí el sabor es eterno como el amor romántico. Los pobres y los ricos paladean el mismo humus de exactitud poética y en la sección de vinos no hay lugar para la incertidumbre.  Es entrar por la puerta y notar el descanso de las certezas. Sus dependientes nunca arrastran los pies ni las palabras, no hay cojos ni lentos y resulta extrañamente placentero saber que puedes confiar en la eficiencia del ser humano por mil y pico euros.  Por eso vengo cada día, aunque sea a comprar una manzana o un panecillo a granel.  Algunos días compro con euforia una bolsa de rábanos. No es que me gusten demasiado, es solo que adoro ver cómo se arrugan ...